MUTUO ACUERDO VS CONTENCIOSO

 

La decisión de separarse o divorciarse de mutuo acuerdo es, sin lugar a dudas, la vía más aconsejable. A modo de resumen, podemos enumerar las siguientes ventajas:

  • Es un procedimiento judicial más económico: los cónyuges podrán actuar con el mismo procurador y abogado, reduciéndose los gastos a la mitad.
  • Más rápido y sencillo, ya que en los procedimientos de mutuo acuerdo no existe la celebración de juicio. Los pasos a seguir son los siguientes: Presentación en el Juzgado de la demanda y la propuesta de Convenio Regulador y posterior ratificación por ambos cónyuges en la oficina judicial; en caso de que hubiese hijos menores, intervendrá en Ministerio Fiscal en relación con los acuerdos adoptados en el Convenio Regulador referente a los hijos; y, finalmente, el Juez dictará sentencia concediendo el divorcio o la separación, con aprobación del Convenio regulador.
  • Mayor cumplimiento de los acuerdos alcanzados: son las partes quienes deciden voluntariamente cómo regular sus relaciones futuras, lo que garantiza que los acuerdos alcanzados sean reales y satisfactorios para ambos cónyuges, por lo que suelen cumplirse y ser más duraderos en el tiempo.
  • Menos desgaste emocional, no sólo de los cónyuges, sino también de los hijos y demás familiares.

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Decálogo del buen divorcio

1.ª El divorcio es algo más que un proceso legal.

Toda ruptura familiar conlleva además de un proceso legal, un proceso emocional, personal y psicológico que viven tanto los adultos como los hijos/as de la pareja. El Juez y los abogados sólo le resolverán las cuestiones legales, pero no las emocionales y afectivas. Ese proceso emocional no acaba con el dictado de la sentencia, pues necesita un tiempo para ser superado, siendo frecuente que tras el proceso judicial surjan episodios de tensión entre los adultos y de éstos con los hijos/as.

2.ª El problema no es el divorcio, sino el “mal divorcio”.
La ruptura de la relación entre la pareja no debería ser perjudicial para los hijos/as. Es la mala manera de desarrollar esa ruptura de pareja lo que acarrea consecuencias negativas para los niños/as. Los hijos/as pueden superar la situación si sus progenitores cooperan entre sí para llevarla a cabo de forma no traumática.

3.ª De común acuerdo todos ganan.
Las rupturas familiares en las que no existe acuerdo se centran en las críticas mutuas y aumentan las tensiones entre los progenitores y demás miembros del núcleo familiar, pues se basan en la búsqueda de un culpable. En cambio, las rupturas de mutuo acuerdo favorecen el clima de diálogo entre los progenitores y generan un ambiente más favorable a las relaciones de los hijos/as con éstos, pues miran al futuro, facilitando que cada uno asuma mejor su nueva situación.

4.ª Se separan los padres, no los hijos/as.
La separación, el divorcio o la ruptura de una pareja de hecho supone la desaparición de un vínculo entre los adultos, iniciándose otro tipo de relación familiar entre padres-madres e hijos/as. Procure que sus hijos/as mantengan una buena relación con el otro progenitor.

5.ª La separación no supone la pérdida de ninguno de los progenitores.
Ambos progenitores, a ser posible conjuntamente, deben explicar a sus hijos/as, de manera que puedan entenderlo, que se van a separar o divorciar. Esta información debe transmitirse en un clima de coherencia, confianza y cariño, pero sin alentar falsas expectativas de reconciliación. Deben asegurar a sus hijos/as que seguirán siendo queridos (evitar sentimiento de abandono), que no son culpables de nada (evitar sentimiento de culpa) y que ambos progenitores van a seguir ocupándose de sus vidas.

6.ª Los hijos/as no son propiedad exclusiva del padre o de la madre.
Aunque se haya conferido la guarda y custodia de los menores a uno solo de los progenitores, ambos continúan siendo imprescindibles para el crecimiento y maduración de los hijos/as y la ausencia de cualquiera de ellos supone la falta de un soporte afectivo fundamental para su desarrollo. Las actitudes de “posesión” sobre los hijos/as que excluyen al otro progenitor perjudican gravemente a los menores. Han de evitarse también actitudes que impliquen despreciar, minusvalorar o desautorizar al otro progenitor.

7.ª El divorcio no pone fin a las obligaciones compartidas con respecto a los hijos/as.
Tras el divorcio el padre y la madre deben seguir manteniendo un diálogo lo más fluido posible sobre todas las cuestiones que afecten a los hijos/as. El cuidado diario de los menores requiere una organización y distribución de tiempo y, aunque el ejercicio de la guarda y custodia lo lleve a cabo principalmente uno de los progenitores, ambos continúan siendo responsables al compartir la patria potestad. Ello significa que como progenitores tienen la obligación de consultarse y comunicarse de manera honesta, fluida, abierta y regular las decisiones importantes en relación a la educación, desarrollo físico, intelectual, afectivo-emocional de sus hijos/as. Deben evitarse las discrepancias y contradicciones educativas para evitar chantajes emocionales, alianzas y manipulaciones de los hijos/as.

8.ª Lo importante es la calidad de la relación con los hijos/as.
La relación de los hijos/as con el progenitor con el que no conviven habitualmente ha de ser periódica, constante y gratificante. Es un derecho de su hijo/a. La obstaculización, interrupción e inconstancia en el régimen de relaciones repercute negativamente en la estabilidad emocional de los hijos/as y les genera graves perjuicios psicológicos.

9.ª No utilizar a los hijos/as.
Aunque la relación de los adultos o su ruptura haya sido extremadamente dificultosa a nivel emocional se debe dar prioridad a las necesidades de los hijos/as. No utilice a sus hijos/as en el conflicto que le pueda enfrentar con su cónyuge o conviviente, ni canalice a través de los menores las tensiones que la ruptura le genere a usted.

10.ª Facilitar la adaptación del menor a las nuevas parejas.
Es frecuente que tras la ruptura uno o ambos progenitores rehagan su vida sentimental con otra persona. La introducción de esa tercera persona en la vida de los hijos/as ha de hacerse con tacto, y progresivamente, a ser posible cuando la relación esté suficientemente consolidada. Debe dejarse bien claro al niño/a que ello no supone renunciar a su padre y/o madre.

Conclusión

Toda ruptura con enfrentamientos graves entre los progenitores es vivida por los hijos/as de forma traumática y como una pérdida, dejando huella en su desarrollo.

Por ello es muy conveniente que en todas las rupturas de pareja antes de iniciar un proceso judicial contencioso se agoten siempre las posibilidades de acuerdo entre las partes, intentándolo bien por sí mismas, bien por mediación de sus letrados, o de otros profesionales (mediadores familiares). A través de la Mediación Familiar ustedes y sus hijos/as pueden obtener una respuesta más satisfactoria a su nueva situación familiar.

Recomendaciones

Lo que más beneficia a sus hijos/as (y que usted debe fomentar):

* Su comportamiento, actitud y valores como progenitores son un modelo de aprendizaje para sus hijos/as que tratarán de imitar.
* Si dialogan entre ustedes sus hijos/as serán dialogantes. Si fomentan su conflicto sus hijos/as probablemente serán conflictivos.
* Favorecer la relación de su hijo/a con cada uno de ustedes.
* Utilizar el diálogo y la comunicación entre los progenitores.
* Mantener la coherencia, complicidad y unidad en los criterios educativos a seguir, independientemente de con quién se encuentre el/la menor.
* Transmitir a sus hijos/as cualidades positivas del otro progenitor.
* Los adultos deben tomar siempre las decisiones y no delegar en los hijos/as.
* Escuchar y comprender las protestas y sentimientos de sus hijos/as.
* Fomentar las relaciones del menor con los demás miembros del grupo familiar: abuelos, tíos, primos.

Lo que más perjudica a sus hijos/as (y que usted debe evitar):

* Creer que la sentencia judicial pone fin al conflicto familiar.
* Implicar a los/las menores en el proceso judicial.
* Delegar en ellos la toma de decisiones.
* Pelear, discutir y organizar escenas emocionales (llantos) o violentas (gritos) delante de ellos.
* Criticar al otro, padre o madre, o alejarlos de él/ella o dificultar su relación.
* Presionar a los niños/as en busca de información.
* Mandar mensajes a través de ellos.
* Situarlos en medio del conflicto: utilizarlos como pretexto, como arma arrojadiza, obligarles a tomar partido (aunque sea indirectamente).

FUENTE: Consejería de Justicia y Administración Pública de la Junta de Andalucía y los Juzgados de Familia de Málaga

¿Custodia compartida o monoparental?

La custodia compartida es la situación en la que ambos progenitores pasan el mismo tiempo con sus hijos, alternando estancias de igual duración, esto es, ambos progenitores ejercen la guarda y custodia en igualdad de condiciones y de derechos. Esta modalidad se contrapone a la custodia monoparental, en la que el progenitor custodio vive habitualmente con los hijos durante la mayor parte de tiempo, reconociéndose al progenitor no custodio el derecho de visitarlos, comunicarse con ellos y tenernos en su compañía durante periodos de tiempo concretos. En la custodia compartida los periodos de tiempo de convivencia con los hijos se distribuyen con carácter igualitario entre ambos progenitores.

La ley no aclara cómo se debe desarrollar esta modalidad, pero pueden darse varias clases de custodia compartida:

–       Cuando los progenitores comparten de forma permanente y simultánea la guarda de sus hijos, lo que puede darse cuando ambos progenitores sigan viviendo en el mismo domicilio.

–       Cuando el hijo vive un periodo con un progenitor y otro periodo igual o similar con el otro. En este caso es el menor el que se desplaza alternativamente al domicilio del padre y de la madre por estancias de tiempo fijadas por días, semanas, meses alternos….

–       Cuando son los hijos los que permanecen en el domicilio familiar y son los progenitores los que se trasladan por periodos alternos al mismo para cuidarlos y atenderlos.

En este régimen: a) Desaparece el régimen de visitas; b) No se atribuye el uso de la vivienda familiar al progenitor custodio, sino que será el Juez quien decida; c) No se establece una pensión de alimentos (siempre que exista equilibrio en los ingresos de ambos progenitores) pagando cada progenitor los gastos ordinarios del menor cuando convivan con los hijos. Y es por esto por lo que es una de las medidas más discutidas en vía judicial, ya que la elección de un modelo de guarda y custodia repercute en el alcance de otras medidas de carácter económico: fijación de la pensión alimenticia y uso de la vivienda familiar.

En la custodia monoparental la relación diaria que se establece entre el progenitor custodio con los hijos fortalece y consolida la relación paterno filial en detrimento del progenitor no custodio que, aunque se le reconoce el derecho de visitas, de comunicación y de tenerlos en su compañía, se le priva de participar e involucrarse en la vida cotidiana, en el cuidado y atención diario que se ejerce a través de la convivencia habitual con el menor, pues será el progenitor custodia quien tome las decisiones en el quehacer cotidiano, por lo que en este aspecto considero más beneficiosa la custodia compartida.

Pero no existe ningún modelo de guarda y custodia ideal, ya que cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La custodia compartida es un modelo más de guarda y custodia, y no tiene que ser siempre la mejor opción, por lo que habrá que valorar cada caso en concreto, la idoneidad de los progenitores para su ejercicio y demás circunstancias (por ejemplo: los deseos del propio menor, la implicación de los progenitores en el cuidado de los hijos desde su nacimiento, si han asistido a reuniones con profesores, etc.) para valorar que modelo será más conveniente en cada caso concreto. Por ejemplo: no será conveniente acordar la guarda y custodia compartida cuando exista una conflictividad extrema entre los cónyuges, puesto que para el éxito de esta modalidad será necesario un cierto grado de entendimiento y consenso entre los progenitores y cierta armonía en lo relativo a la forma de vida, salud y educación de los hijos.

 

Me quiero divorciar, ¿Qué me puede aportar la mediación?

Una vez tomada la decisión de separarse o divorciarse la pareja comienza un proceso en el que  deberá afrontar la toma de decisiones sobre cuestiones que afectarán a sus vidas futuras y a la de sus hijos:

– ¿Cuánto nos costará vivir a cada uno por separado?

– ¿Qué hacemos ahora con el domicilio familiar?

– ¿Cuáles son los gastos de nuestros hijos y cómo afrontarlos en el futuro?

– ¿Cómo nos repartimos los bienes?

Estas y otras preguntas son las que, a través de las sesiones de Mediación Familiar, se irán analizando y valorando entre ambas partes hasta alcanzar respuestas y soluciones satisfactorias para ambos.

Por tanto, la Mediación Familiar se presenta como un instrumento eficaz, que facilita un espacio de diálogo en el que poder expresar las necesidades, puntos de vistas, preocupaciones y expectativas de cada uno, siempre en condiciones de igualdad y libertad, y cuya finalidad no es otra que la de encontrar de común acuerdo la mejor solución o respuesta a todas las cuestiones que necesiten ser consensuadas.

Si quieres saber más sobre qué puede hacer la mediación por ti y tu familia no dudes en contactar con nosotros.